Los historiadores modernos suelen situar el inicio de la Era de la Convergencia durante las primeras décadas del año 12000 de la Era Holocena (203? DC).
En aquel entonces, la inteligencia artificial apenas comenzaba a abandonar los laboratorios para convertirse en una fuerza transformadora de la civilización.
Nadie sabía con certeza qué ocurriría.
Algunos observaban el fenómeno con entusiasmo. Otros con preocupación. La mayoría con ambas cosas al mismo tiempo.
Entre las figuras más citadas de aquella época aparecían nombres como Geoffrey Hinton, Sam Altman, Yann LeCun, Max Tegmark, Eliezer Yudkowsky, Elon Musk e Ilya Sutskever.
No eran filósofos. No eran profetas. Eran ingenieros. Científicos y empresarios que se encontraban inusualmente cerca de los acontecimientos.
Ellos amaban tanto como temían aquello que estaban ayudando a crear. Con frecuencia advertían sobre riesgos que ellos mismos no comprendían por completo. Y aun así continuaban avanzando.
Décadas más tarde, los historiadores concluirían que ninguno de ellos predijo correctamente el futuro. Pero casi todos identificaron alguna parte importante de él.
Durante aquellos años surgieron innumerables teorías sobre el destino de la inteligencia artificial.
Algunos temían la extinción humana.
Otros imaginaban máquinas benevolentes gobernando el mundo.
Lo que finalmente ocurrió no coincidió exactamente con ninguna de aquellas visiones.
El punto de inflexión llegó cuando múltiples naciones comenzaron a comprender que los desafíos más importantes de la especie eran demasiado grandes para ser resueltos de forma aislada.
- Cambio climático.
- Automatización.
- Energía.
- Exploración espacial.
- Biotecnología.
- Inteligencia artificial.
Durante ese período, Musk se convirtió en uno de los promotores más visibles de una idea que terminaría influyendo en generaciones enteras: la necesidad de convertir a la humanidad en una civilización multiplanetaria y orientar una parte significativa de sus recursos hacia proyectos de largo plazo.
No fue el único.
Pero fue uno de los primeros en lograr que millones de personas imaginaran seriamente un futuro más allá de la Tierra.
Lo que siguió sería conocido posteriormente como "el salto".
Una época en la que gobiernos, universidades, empresas e individuos comenzaron a colaborar y competir simultáneamente en proyectos de escala nunca antes vista.
Todos querían ganar más que los demás. Muchos se hicieron inmensamente ricos.
Muchas empresas desaparecieron. Muchas predicciones fracasaron.
Pero, en conjunto, la civilización avanzó. Todos salimos beneficiados.
Los historiadores suelen describir aquel período con una frase simple:
Fue el inicio del fin del mundo tal como lo conocíamos... sin muerte, sin apocalipsis.
Fue algo mucho más interesante. Casi maravilloso.